domingo, 23 de diciembre de 2012

Entrevista a María Zaragoza, Los mejores terrores en relatos

P.- ¿Tiene razón de ser la literatura de terror en un mundo racional en el que se puede conocer el origen de casi todo? R.- Imagino que cuanto más racional es el mundo, más necesario es evadirse a través de cosas que no podemos controlar, como el miedo. El miedo es algo que no puede controlarse y que no depende de que se pueda explicar el origen de lo que nos asusta. De hecho cuando se abre el ascensor y vemos algo dentro que se mueve, el cuerpo se pone alerta antes de reconocer a tu vecino. El miedo es necesario y nos mantiene a salvo en el mundo, que algo nos asuste nos puede salvar la vida. A un nivel menos "fundamental", la literatura y el cine de terror nos mantienen conectados con la imaginación del peligro, con el misterio, con lo que nos puede llegar a superar. Y creo que cuanto más explicamos las cosas, más necesario es tener dentro ese aviso, esa alerta.
P.- ¿De qué trata tu relato Algo pequeñito del libro Los mejores terrores en relatos?
R.- Algo pequeñito habla precisamente de lo que no podemos controlar. El ser humano se creo invencible ante otros seres vivos, es como "el rey de la creación", pero qué pasaría si la naturaleza diseñase un ser específico para terminar con el ser humano, algo pequeñito, invisible a la vista, imposible de erradicar y sin piedad alguna. Yo creo que la naturaleza se defiende y me aterra la posibilidad de que lo haga. Este relato refleja de alguna manera ese miedo mío.   Seguir leyendo

El lento suicidio de occidente, Jorge Majfud

Occidente aparece, de pronto, desprovisto de sus mejores virtudes, construidas siglo sobre siglo, ocupado ahora en reproducir sus propios defectos y en copiar los defectos ajenos, como lo son el autoritarismo y la persecución preventiva de inocentes. Virtudes como la tolerancia y la autocrítica nunca formaron parte de su debilidad, como se pretende ahora, sino todo lo contrario: por ellos fue posible algún tipo de progreso, ético y material. La mayor esperanza y el mayor peligro para Occidente están en su propio corazón. Quienes no tenemos “Rabia” ni “Orgullo” por ninguna raza ni por ninguna cultura sentimos nostalgia por los tiempos idos, que nunca fueron buenos pero tampoco tan malos.  Sigue leyendo

Congreso mundial de amantes de Madonna, Miguel Angel de Rus


Se celebraba el Congreso Mundial de Amantes de la cantante Madonna en el Madison Square Garden de Nueva York y el cruce de la calle Treinta y tres con la Séptima Avenida era una fiesta de policías intentando organizar el tráfico, de puestos en los que se vendían esos lazos que por alguna razón denominaban pretzels, perritos calientes, bebidas burbujeantes y recuerdos del acontecimiento –destacaba una camiseta que tenía serigrafiada la vagina de Madonna y el lema ‘Yo también estuve aquí’-y de camionetas de las televisiones que apuntaban sus antenas hacia algún supuesto satélite, con reporteros en fila enfrente del edificio, dando sus crónicas en las que repetían las mismas informaciones comunes y ya sabidas casi de memoria.
 

–Hoy habrá más público que en cualquier partido de los New York Knicks o de los New York Rangers. –Afirmaba el joven y anodino reportero de la CNN. –Música, caras famosas, bonitos vestidos. Esta es sin duda la gran fiesta del American way of life.    Seguir leyendo

El olor de la Luna, Eduardo Vaquerizo

Me decía mi madre, antes de que las ratas la matasen una noche de verano en la covacha dónde vivíamos cerca de San Sebastian de los Reyes, que la luna olía muy bien. Siempre creí que aquello había sido el desvarío de una vieja que tenía el seso comido por la cazalla, pero nunca olvidé esa frase. La volví a recordar la noche que intentamos robar un autocoche de caudales. Estábamos compinchados con un anarcolista renegado que trabajaba de alguacil privado. Nos dijo por dónde iba a pasar camino de regreso de los puestos de rodas de la sierra. Lo que no nos dijo era el frío que hacía aquella noche de descubierta y lo alta, lo blanca y solitaria que estaba la luna, apenas perturbada por el relente ni por el viento cargado de cellisca que bajaba de las colladas altas. Seguir leyendo