miércoles, 31 de diciembre de 2014

Cuentos de navidad 11.- El día de los Inocentes, de Rafael Gonzalo Verdugo

“Y el rey Herodes ordenó matar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén, con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazareth, de quien se decía que estaba destinado a destronarle”.

–¡Qué historia más sanguinaria y más cruel! Tenemos que conmemorar este acontecimiento crucial en la pervivencia de nuestra fe. Lo llamaremos el Día de los Santos Inocentes. ¿Qué fechas quedan libres, Leonardo?
–El 28 de diciembre, Santidad. ¿Pero en qué consistirá la celebración a esta matanza?
–Pues… no sé. ¡Ah, sí! ¡Pasaremos el día gastando bromas a la gente!
(La Santa Madre Iglesia, 2.000 años demostrando sensatez y buen juicio)

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martes, 30 de diciembre de 2014

Cuentos de navidad 10.- Frente al espejo, de José Luis Ordóñez

Medianoche. Treinta y uno de diciembre. En el espejo, él estaba bien peinado, con un traje elegante y una sonrisa de triunfo dibujada en su rostro. Después me di cuenta. ¡Era yo! Pero no ahora sino dentro de diez años. ¿Sería posible? Desde luego, pero tendría que conservar aquel reflejo, capturarlo para siempre en una foto y así ser capaz de recordar al destino que el éxito era una realidad y no una fantasía. Sin embargo, para coger la cámara tendría que salir del marco del espejo y quizá cuando volviera ya hubiera cambiado. Eso pensaba cuando el espejo se rajó, el reflejo emergió de allí como un rayo y me cogió del cuello, impaciente.

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Madera podrida con un clavo oxidado http://www.mareditor.com/narrativa/MaderaPodrida.html

martes, 23 de diciembre de 2014

Cuentos de navidad 09.- Intruso, de David J. Skinner



Sonó el timbre de la puerta. Era la policía.
—Está en el salón —fue lo primero que dijo Richard al individuo alto y sombrío, de larga gabardina, que se encontraba al otro lado—. Tuve que…
—No se preocupe —respondió este, en un tono que quizá pretendía ser tranquilizador—. Connor, Johnson, id a ver.
Mientras los dos agentes uniformados cruzaban la puerta en dirección al lugar que Richard había indicado, el hombre de la gabardina clavó sus ojos en el tembloroso dueño de la vivienda.
—Soy el inspector Ramírez, hemos hablado por teléfono. ¿Qué ha ocurrido después de nuestra conversación?
Ramírez atravesó también el umbral, apartando al otro con su mano derecha. Richard cerró la puerta y comenzó a caminar lentamente hacia el interior, acompañado del inspector.
—Al principio estaba en silencio, pero poco después de colgar el teléfono empezó a soltar una retahíla de sinsentidos. Intenté no hacerle mucho caso hasta… hasta que habló de mis hijos.
—¿Les amenazó?
—Dijo que Judy se había portado muy bien este año —respondió Richard, que ya había alcanzado el salón—, y que tenía algo muy especial para ella. ¡Tiene seis años, inspector! ¿Qué clase de pervertido diría algo así?
El inspector asintió, mientras contemplaba la escena. El cuerpo de un hombre grueso y con barba, vestido con una especie de pijama rojo y blanco, yacía sobre el suelo de madera con varios impactos de bala en pecho y cabeza. Junto a él se encontraba una bolsa de iguales colores.
—¿Fue cuando lo hizo? —preguntó Ramírez.
—No, no. Le dije que se callara, que no iba a permitirle nombrar a mi hija. Y, entonces, empezó a hablar acerca de Tom. Dijo que le llevaba observando todo el año; mencionó su función teatral y también la caída que sufrió con la bicicleta. Luego, llevó su mano a la bolsa.
—Investigaremos su contenido —dijo el inspector, señalando en esa dirección—, pero, contenga o no algo peligroso, está claro que usted solo pretendía proteger a su familia.
—Si no hubiera sido por aquel aviso —dijo Richard, algo menos nervioso—, no quiero ni pensar en lo que ese cerdo les podría haber hecho.
—Es cierto, la llamada que me comentó cuando hablamos por teléfono. Lo que no me dijo es de quién se trataba. ¿Algún vecino?
—Se identificó como Mel. —Ante la cara del inspector, aclaró—: era un hombre, como le dije. Quizá no entendí bien el nombre.
—Ya da igual. Lo importante es que tanto usted como su familia están a salvo. Y, probablemente, muchas más familias.
En el exterior nevaba. Aun así, aquella escena estaba siendo observada a través de la ventana por tres silenciosas figuras. Tres hombres que miraron a Richard y al inspector, para acabar contemplando el cuerpo sin vida en el suelo del salón.
Y los tres se rieron.
 
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Cuentos de navidad 08.- El sorteo, de Iván Teruel



El coche frenó en seco y el sonido afilado de las ruedas entró como un cuchillo en los oídos de Eric. Alcanzó sus tímpanos, los sacudió, se detuvo un momento, y desde allí irrumpió directamente en su conciencia. Antes, tuvo el pálpito. El pálpito oscuro que durante toda la semana lo hizo estar mucho más nervioso que otros años. Por ese motivo salió a pasear. Porque se le hacía insoportable descontar los minutos encerrado en casa. Caminaba para distraerse. Pero el presentimiento siguió ahí. Quizás por eso, aunque se sobresaltó con el chirrido del frenazo, aunque no pudo evitar esa reacción refleja, después no pareció inmutarse. Permaneció impávido al verlos avanzar hacia él: cuatro hombres de expresión hosca, vestidos impecablemente, habían descendido del coche con gran celeridad. Cuando llegaron a su altura, dos manos firmes le sujetaron los brazos y lo condujeron al vehículo. El pálpito se hacía realidad y la realidad empezaba a adquirir un aire de pesadilla: acababa de ser apresado por las BSSN.
Las Brigadas para la Seguridad del Sorteo Nacional eran unas unidades creadas por el Gobierno para intervenir en las últimas horas del plazo establecido para la adjudicación de números de participación. Generalmente las comunicaciones se hacían por correo certificado, pero había casos excepcionales en que los programadores del sistema eran incapaces de obtener una respuesta clara con el suficiente anticipo. Estos participantes de última inclusión eran obligados a presenciar el acto en directo. Entonces intervenían las BSSN, que los reclutaban, custodiaban y conducían hasta el salón donde se celebraba el Sorteo. En el trayecto, les extendían el sobre con su número de participación.
Eric abrió el suyo. Mientras comprobaba qué número le habían adjudicado, sonó la potente sirena que señalaba la finalización del plazo para participar en el Sorteo. Entonces miró hacia fuera: apenas algún abrazo, alguna lágrima, alguna sonrisa incrédula. Ya no aquellos estallidos de euforia que al principio sacaban a la gente a la calle para celebrarlo con expresiones desaforadas de júbilo. Los ciudadanos habían comprendido que aquella sirena no deshacía el miedo. Solo lo postergaba. 
Llegaron al salón. Al entrar, Eric quedó sobrecogido por el silencio. Un silencio espeso que manifestaba un sentimiento de derrota ante lo inevitable. Dos miembros de las BSSN lo acompañaron a su butaca. En el pasillo se cruzó con algunas miradas en las que creyó reconocerse. Tomó asiento. Esperó. Y empezó el Sorteo. Se repartieron ruinas económicas, infidelidades, mutilaciones, secuestros, enfermedades terminales, atentados, incendios, abortos, paraplejias. Hasta que llegó su turno. Y en ese momento, desde los confines de un miedo indefinible que le sacudió la médula, Eric sintió que todo estaba decidido desde siempre.
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Cuentos de navidad 07.- Noche de invierno. Era navidad, de Pedro Pujante

El presidente del gobierno se acostó una
Noche de invierno. Era navidad.
Se presentó el fantasma del pasado y le dijo,
Oye, mira lo que hizo tu antecesor, supéralo
O mejor no te despiertes y no molestes más.
Luego el espíritu del presente le susurró, apresúrate a cambiar
Las cosas, ¿no ves la gente en paro, la crisis, la
Delincuencia, la educación, la inseguridad?
Para acabar el espectro del futuro le mostró
Un presidente retirado y millonario,
Viviendo, se vio, la dolce vita y
dorado por el sol en la hermosa y urbanizada
playa de un país desecho y saqueado.
… Eso sí era un buen sueño.
Cuando despertó nuestro castizo Scrooge,
Presidente del gobierno, siguió su mandato
Y no cambió ni un ápice su actitud ni su pensamiento.
Esto, lo siento, no es un jodido cuento de navidad.
 
Si te ha gustado, puedes leer más texto de Pedro Pujante
El absurdo fin de la realidad http://www.edicionesirreverentes.com/2099/PedroPujante.html

lunes, 22 de diciembre de 2014

Cuentos de navidad 06.- Lo que el niño de ocho años había pedido a Papá Noel, de Nelson Verástegui

Los padres de Pedrito se sentían impotentes. No sabían cómo averiguar lo que el niño de ocho años había pedido a Papá Noel. Cuando lo invitaron a escribir la carta, contestó que ya la había enviado por el buzón del correo camino de su escuela. Estaba aburrido de que sus compañeritos se burlaran de él por creer en Papá Noel y había decidido pedirle algo muy diferente en secreto.
En realidad nunca había recibido exactamente lo que pedía. Nunca eran como los juguetes soñados. Una vez le trajo un saco de paño que no había pedido y que días atrás una tía se lo había medido en un almacén disimuladamente. Él lo reconoció pero todos le aseguraron que este sí era de Papá Noel. Pedrito esperaba impaciente. El cuento de que había escrito y enviado la carta era mentira, pero no importaba.
El día esperado había un regalo bajo el árbol de Navidad con una carta; los dos de Papá Noel. Decía que como no había entendido bien la letra, había tratado de adivinar el regalo, que ojalá le gustara, que Papá Noel no era mentira sino una forma de decirle cómo lo querían sus padres y que le serviría para desarrollar la imaginación para la vida adulta.
Pedrito reconoció de inmediato la escritura de su madre y la máscara de monstruo que le había gustado tanto unas semanas atrás pero que su padre no había querido comprarle. Pedrito había pedido mentalmente al Papá Noel que le enviara una prueba tangible de si existía o no. Como vio que su deseo se había cumplido, ahora estaba seguro de que Papá Noel SÍ existía.

Si te ha gustado el relato, puedes leer otros textos de Nelson Verástegui
Las seis y una noches http://www.edicionesirreverentes.com/narrativa/Verastegui6noches.html 
El baúl de Napoleón http://www.edicionesirreverentes.com/Cercanias/verastegui.htm 

Cuentos de navidad 05.- Un Papá Noel cualquiera, de Óscar Fernández Camporro

¡Aaaaahhhhhh…!
¡Hum…, huuuuummm…!
¿Qué…, qué suena…, qué es eso?
¡Uf, joder, es el despertador!
Me giro y…, y noto que mi cabeza no está en su sitio.
Alargo el brazo y apago el despertador.
Mi cabeza…
Hago un esfuerzo y me siento.
¡Uuuufff…, mi cabeza…!
Ya…, ya recuerdo… Vagamente, pero recuerdo. Anoche me acosté tarde. Ese garito, esas guarras, esas copas…, esos amigos… ¡Menudos cabrones! A estos no hay manera de tumbarlos. Este grupo es muy peligroso, a estos no hay manera de tumbarlos… Con otros amigos que suelo ir de juerga, no pasa nada, son tranquilos..., pero estos…  Creo…, creo que montamos bronca, que…, ¡oooh, por Dios, cómo me duele la cabeza!
Anoche…, cuando volví a casa…, se me olvidó completamente desconectar el despertador. ¡Claro, coño, cómo iba a acordarme!... Y menos mal, porque hoy tengo mucho qué hacer.
Hoy es un gran día.
¡Es el cumpleaños de mi hija!
Seis.
Seis años ya.
¡La hostia, cómo pasa el tiempo!
Hoy…, hoy no es día de visita, pero he convencido a mi mujer para que me permita recogerla en el colegio. Iremos a comer a una hamburguesería de las que le gustan… ¿O no le gustan?... No sé…, espero que sí, a todos los niños les gustan las hamburguesas, ¿no?
Mi…
Uuff…, mi cabeza.
Necesito despejarme.
Vamos, chaval, levanta el culo.
Lo levanto. Y me visto con ropa de deporte. Una carrerita me ayudará a eliminar el alcohol. Pero una corta, ¿eh?..., de quince minutitos, no más, no de cuarenta, como las mañanas. Hoy solo diez, con eso bastará para despejarme.
Salgo a la calle.
¡Coño, qué frío!
A correr.
Todo nevado. Claro, estamos en navidad y hace un frío del carajo. Luego me pondré el traje de Papá Noel. A mi hija le hará ilusión verme disfrazado…, seguro…, ¿o no?... Bueno, espero que sí, Papá Noel gusta a todos los niños, ¿no?
Sigo corriendo.
Echo de menos a mi hija. Y a mi esposa también… Mejor dicho, a mi exesposa. Hace ya un año que me dejó. Y no lo entiendo, de verdad que no lo entiendo. Me recriminaba cosas, me hablaba de no sé qué…, que si de cariño, que si de respeto, que si de compromiso, que si de mi oficio…
¡Joder, pero qué coño quería de mí!
Yo las cuidaba, cuidaba que no les faltara de nada, siempre les daba dinero cuando me lo pedían, nunca negué unos billetes a mi esposa…, a mi exesposa. Y…, y a cambio…, ella solo tenía que aguantar unos cachetes mientras follábamos… ¡Unos cachetes de nada, por amor de Dios!... Se trataba de un jueguecito amoroso…, pero ella…, allí…, tumbada…, ¡joder, como si fuera de plástico!... La muy…, la muy zorra.
¡Que no, coño, que no lo entiendo!
Y para colmo, la muy zorra se larga de casa con la niña para arrejuntarse con el tipo ese…. ¡Pero, joder, si es policía!... Y, además, es el mismo poli que me enchironó hace cuatro años. Me pasé dos a la sombra sin ver a mi hija… ¡Menudo cabronazo!... Me quitó la libertad para robarme a mi familia. Y mi ex se cree que ese poli las va a tratar mejor que yo… ¡Y una mierda!
Sigo corriendo.
Me duele la cabeza, sí, pero creo que es por el frío.
Ya se me está pasando un poco.
Pero ya no puedo más.
Vuelvo a casa.
Trotando.
Llego.
Entro.
Me ducho.
Me visto.
Desayuno.
Cojo todas mis cosas y salgo a la calle.
Entro al coche.
Conduzco.
Mi hija…, seis años ya.
Sé que me quiere. Y yo la quiero a ella. La verdad es que no habla mucho, a mí no. Pero a veces me cuenta cosas del poli ese como si él fuera su padre… ¡Y una polla, su padre soy yo, no te jode!
No importa…, no importa…
La sorprenderé con mi disfraz de Papé Noel e iremos a comer. Luego la llevará a una juguetería para que elija lo que quiera… Todo lo que quiera… ¡Coño, soy su padre, nunca la faltará de nada!
Sigo conduciendo.
Aparco a dos calles de la cafetería.
Me cambio de ropa dentro del coche: el relleno para la barriga, el abrigo rojo, las botas negras, el cinturón, la barba blanca y el gorro rojo… Y las manoplas, también rojas.
Me miro en el espejo retrovisor.
¡Jo…, jo…, jo!
¡La hostia, pero si ese es Papá Noel!
Clavadito.
Irreconocible.
¡Jo…, jo…, jo!
Salgo del coche.
Camino.
Llego a la puerta de la cafetería.
Echo un vistazo a través de la cristalera.
Entro. Bien. Hay poca gente.

Ahí está. Solo.
Como todos los días a esta hora.
Me acerco a él.Meto la mano por debajo de mi chaqueta.
Me mira.
Saco mi pistola.
Se levanta.
–¡Jo, jo, jo!
Le pego cuatro tiros en el pecho.
Gritos.
Me doy la vuelta y salgo del local.
Me alejo.
Los gritos se apagan.
Sigo caminando.
Me aseguro de que nadie me sigue. Pero justo enfrente, hay otro Papá Noel… ¡Anda la hostia, qué suerte!... Aunque mi disfraz es bastante mejor. Quizá ese tipo tenga una hija… Me gustaría que la tuviera y que pudiera disfrutar de ella todos los días… Bueno, todos no…, solo los días que él quisiera. Nos cruzamos.
–¡Jo, jo, jo!
–¡Jo, jo, jo!
¡Je, je, qué cachondo!
Miro el reloj… ¡Coño, qué tarde! Ya me estará esperando en la puerta del colegio
Llego al coche.
Me monto.
Arranco.
Conduzco.
Miro el reloj.
Llegaré en media hora. Seguro que me regaña por mi impuntualidad…, otra vez.
No importa. Lo único que me importa es que voy a pasar unas horas en compañía de mi única hija.
¡Joder…, Dios…, Papá Noel…, y todos los Santos…!
¡Cuánto quiero a mi hijita!
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Regresa a Riverthree http://www.mareditor.com/narrativa/Regresa_Riverthree.html 

Platero de los belenes, de Julio Fernández Peláez

Platero es pequeño, peludo, suave.
Platero es tan tierno que hace las delicias de los visitantes a belenes públicos, esos que en todas las ciudades se colocan para que los niños y sus padres se aflijan con la llegada de unas fechas del todo entrañables y piensen que no todo es anuncio, lotería y bombillita inútil.
Platero es tan sensible que permanece reflexivo frente al mal aliento de quienes no paran de decir tonterías después de tomarse un par de vinos en la taberna de un amigo.
Platero es tan dócil que se deja montar por los salvajes que para hacerse una autofoto se suben sobre el lomo de los burritos de los belenes hasta reventarnos antes de darle al clik y decir: “Patata, burrito, di patata”.
Platero es tan bueno que cuando alcanza el cielo después de agonizar durante 3 días seguidos con los huesos que no tiene aplastados por más de cien kilos de grasa estúpida, no dice nada, y no se caga en la Navidad ni en la pavisosa figurita del tonto del niño Jesús, ni en la madre que lo parió y el calzonazos de su padre, ni en los reyes católicos que no traen más que mierda al establo, ni en la estrellita de papel de aluminio, ni en las ovejitas, patitos, camellos y demás fauna condescendiente que con tal de tener un papel secundario en la función, y poder renovar el contrato año tras año, permanecen inalterables e inconmovibles ante tanta injusticia en el mundo, como si las únicas cosas vivas y con sentimientos de todos los belenes fueran precisamente los ignorantes burritos plateros como yo.
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Manifiesto capitalista para destrozar corazones http://www.edicionesirreverentes.com/teatro/ManifiestoCapitalista.html 
Filamentos de tiempo http://www.edicionesirreverentes.com/teatro/Filamentos.html

viernes, 19 de diciembre de 2014

Cuentos de navidad 03.- Estrella de navidad, de Adrián Tejeda

Todo sucedió un poco antes del solsticio de invierno.
            Apareció de repente, de la nada más bien: Una luz radiante en el cielo que lo iluminaba todo, un  brillo expansivo en el firmamento. Su paso, fugaz como la vida misma,  a penas duró unos segundos,  los suficientes como para quedarse prendando, tanto como para no importarle esperar otros cincuenta años con tal de poder encontrarse de nuevo.
            El tiempo pone a todo en su sitio, eso dicen, aunque en su caso, la espera sirvió para ayudarle a controlar  su propia esencia, la materia que formaba parte de su ser, y el amor imposible que día a día iba naciendo en su interior, la energía necesaria para que obrase el milagro: diluirse en partículas infinitas, volar como motas de polvo en el aire al paso de las caricias de una ráfaga de viento, y finalmente, poder unirse con ella, la estrella del norte que había cambiado su vida para siempre.
Si te ha gustado el relato, puedes leer otros textos de Adrián Tejeda

jueves, 18 de diciembre de 2014

Cuentos de Navidad 02.- Un cuento de navidad, de Félix Díaz

Rudolph, el reno jefe, fue corriendo a llamar al Jefe
—¡Santa! Aquí hay tres señores que quieren hablar con usted.
—¡Quien cojones me viene a molestar ahora! ¡Esta misma noche tengo que empezar el reparto, ¡carajo!
En la puerta del Claus’ Palace se plantaron tres monarcas, cada uno con su escolta de seguridad. Los tres grupos de soldados se apostaron, prestos a proteger a cada uno de los Reyes Magos.
Ante semejante despliegue de armamento, Santa se alarmó.
—¿Qué cojones pasa aquí? ¿Un golpe de estado?
Uno de los reyes se adelantó, protegido por cuatro hombres vestidos de caqui y con chaleco antibalas, armados con enormes fusiles ametralladores.
—Tranquilo, Santa, soy Melchor. Es que de donde venimos hay que tomar todas las medidas de seguridad posibles, los mujaidines están dándonos por culo. Disculpa a nuestras escoltas, pero por el camino nos han molestado bastante.
—Vale, ahora lo entiendo, pero aquí no hay peligro. Me ponen nervioso todos esos soldados.
Melchor hizo un gesto, sus dos compañeros asintieron y la escolta militar se apartó. Santa Claus respiró aliviado.
—Bien, ¿qué se les ofrece? Esta noche es Nochebuena y tengo trabajo, como imagino que sabrán ustedes, majestades.
—Claro que sí, y de eso queríamos hablar. Nos estás quitando el trabajo, pues lo niños prefieren pedir los regalos al principio de las vacaciones y no al final como es nuestro caso.
—Yo no tengo la culpa, majestades. No puedo hacer nada.
—Lo harás —concluyó Melchor e hizo un nuevo gesto.
Los soldados tomaron sus armas y entraron en tromba en el palacio de Santa Claus.
—Estás secuestrado —anunció Melchor—. Revisaremos todas las cartas que has recibido y verificaremos que a todo el mundo le queden pendientes la mayor parte de los regalos para el 6 de enero. Tú sólo repartirás las chucherías que mantengan entretenidos a los críos hasta que lleguen nuestros regalos.
Baltasar y Gaspar se acercaron.
—¡Y como protestes no te dejaremos ni siquiera repartir las chucherías! —exclamó el rey negro.
—Mejor protesta, así me podré comer a tus renos —añadió Gaspar, mirando con gula a los animales.
Rudolph defecó en la nieve. Estaba asustado.
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Entrevista a Andrés Fornells: "Riqueza, amor y muerte podrían haberla escrito Wilkie Collins, Chester Himes y Charles Bukowski "

P.-Riqueza amor y muerte tiene muchos elementos de novela negra tradicional, pero también erotismo. ¿Cómo presentaría su obra al lector que le descubra ahora?
R.- Creo, por haber leído mucha novela negra, especialmente norteamericana, que el lector de este tipo de literatura asocia la acción, la violencia y el misterio, al erotismo y a la sensualidad, sobre todo por parte de las protagonistas femeninas. En esta última novela mía la heroína es una profesora de artes marciales, cualidad que le sirve para afrontar situaciones extremadamente peligrosas que una mujer, podríamos decir normal, no las afrontaría por falta de entrenamiento y asimismo de un coraje especial necesario para luchar y jugarse la vida.

P.- Sus personajes, a lo largo de su obra, parecen no tener moral. ¿O sí la tienen?
R.-Los personajes de esta obra mía pertenecen a la sociedad que nos rodea, los hay que poseen valores que todos estimamos, como pueden ser: el respeto y fidelidad a la familia, el asumir el como propio honor del grupo al que se pertenece; ayudar y amar a las personas que merecen sus más nobles sentimientos y, llegando a casos extremos jugarse la vida en defensa del ser amado. Pero también hay en mi novela personajes sin ningún tipo de escrúpulos ni de moral, que el único, exclusivo interés que los mueve es lograr el poder y la riqueza a cualquier precio, y que consiguen ambas cosas, robando, torturando y asesinando despiadadamente.

P.-¿Por qué tienen un papel predominante en todos sus libros la mujer? De un modo u otro, siempre son protagonistas.
R.- Entrando en el terreno personal, creo que el hecho de darles en mis obras siempre gran protagonismo a las mujeres se debe a que, al morir mi padre siendo yo muy pequeño, me crié todo el tiempo entre mujeres, circunstancia que, seguramente, me permitió conocerlas todo lo bien que ellas te permiten llegues a hacerlo, y pude gracias a esta cercanía apreciar y admirar las extraordinarias cualidades humanas que las mujeres poseen y que demuestran en tantos trabajos en los que la ternura, la delicadeza, la dedicación y el sacrificio son requeridos e imprescindibles.

P.-Qué autores de novela negra podrían servir como referente para acercarse a su obra porque está en una línea creativa similar.
R.- Escritores que puedan servir de referente a mi modo de escribir puedo citar, como más cercano, a Javier Chiambrando. Luego puedo decir que he admirado y deben de algún modo influido en mi manera de escribir, por diferentes razones, a Wilkie Collins, Charles Willeford, Chester Himes, Boris Vian y, como no, a los míticos Raimond Chandler y Dashiell Hammett. Desde luego reconozco lo dificilísimo que es juzgarse uno mismo, pero yo diría que esta novela mía podrían haberla escrito (fantaseando por mi parte un imposible), colaborando los tres en este empeño y empleando ellos un infinito mayor talento del que yo poseo: Wilkie Collins, Chester Himes y Charles Bukowski.

P.-¿Cómo surge la idea de Amor, riqueza y muerte?
R.- La idea surgió como consecuencia de un desafío. Un buen amigo mío me reto a escribir una novela negra que tuviera lugar fuera de nuestro país, y por razones sentimentales suyas escogió Moscú, Viena y Paris. El personaje masculino principal de esta novela me surgió de un viaje que yo había hecho el año anterior a China y haber visitado el famoso Templo Shaolin, en mejor lugar del mundo para la enseñanza de las artes marciales. Y el personaje femenino lo encontré hojeando un álbum de fotos en una mujer, parisina, extraordinaria para mí, por muchas razones que enriquecen mi memoria.
 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cuentos de Navidad 01.- Vente a casa por navidad, de Andrés Fornells

Esperancita Cansada tenía novio. A ninguno de cuantos la conocían extrañaba este detalle porque Esperancita era de hermosa que verla alegraba la vista, despertaba el tambor del corazón y levantaba a la máxima altura la libido de quienes la tienen en sumo grado de funcionamiento.
El novio de Esperancita se llamaba Julito Desganado y poseía una gran ventaja sobre los feos, y era una hermosura física de esas que impulsan a las mujeres buenas receptoras a abrir lo que tienen cerrado y a permitir le estrenen lo que nadie les ha estrenado todavía.
Julito viajaba mucho, una actividad bastante normal en todo aquel que ejerce la profesión de viajante. A Esperancita la tenía altamente mosqueada que él viajase tanto y que en sus regresos de los viajes trajese manchas de pintalabios en los cuellos de sus camisas y algún que otro cabello rubio pegado en sus ropas (Esperancita tenía su abundante pelambrera azabache como los sobacos de un grillo que ha vivido toda su vida en una mina de carbón) y estos detalles sospechosos la ponían muy furiosa, aunque Julito lo justificara conque por lo atractivo que era, las féminas se arrimaban a él y, antes de darle tiempo a huir de ellas, dejaban sobre su irresistible persona aquellas “cochinadas”.
Esperancita, que empezaba a estar de Julito hasta el moño más íntimo, le advirtió que si no volvía a casa por Navidad para pasar ésta con ella, que la olvidase igual que Goya se olvidó de Dios cuando la mujer que más había amado en su vida, se olvidó de él. Todos sabemos que los malos cristianos le echan las culpas al Creador de todo aquello que no les sale todo lo bien que ellos desean.
Julito no pasó la Navidad con Esperancita. Esperancita se molestó muchísimo. Esperancita lloró esas malditas Mil y una lágrimas que tanto les duelen a las mujeres que aman, lo que no está escrito.
¿Y quién estaba junto a ella, junto a Esperancita para consolarla? Perfecto, habéis acertado plenamente. Y, quién habéis acertado en vuestra maliciosa suposición, le demostró a Esperancita que no son los más guapos los que la sabía naturaleza ha premiado con dones que ninguna hembra ardiente y ávida de sentirse plena al máximo ha sabido nunca rechazar.
Moraleja: Todo hombre que no cumple la promesa dada a la mujer que lo ama, que se prepare a llevar en su frente ese estigma que no es característico de los de su especie sino de la especie que, a menudo, muere en las plazas de toros.
 
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martes, 16 de diciembre de 2014

III Premio Alexandre Dumas de Novela Histórica

M.A.R. Editor busca las mejores novelas históricas para su Colección de Narrativa http://www.mareditor.com/Narrativa.html, por ello, convoca el III Premio Alexandre Dumas de Novela Histórica. Podrán concurrir al premio aquellos originales que reúnan las siguientes condiciones: 

1.- Ser novelas inéditas, libres de compromiso y estar escritas en español, con una extensión mínima de 160 páginas, impresas en formato DIN A-4, a espacio y medio, letra Times - Arial 12 ó similar, por una sola cara, sin haber sido premiadas en cualquier certamen. La novela irá encabezada por título y seudónimo, en página 2 irá una sinopsis de la novela, y la obra comenzará en la tercera página. La novela irá acompañada de un documento a modo de plica, que contendrá nombre y apellidos, domicilio incluyendo ciudad y país, teléfono y correo electrónico del autor (obligatorio), así como una breve nota bio-biblográfica.  

2.- Cada autor podrá presentar sólo una novela, enviándola por correo a: Miguel Angel de Rus - M.A.R. Editor - C. Martínez de la Riva 137, 4º A. Deberán enviarse por correo; no se recibirán novelas personalmente en la editorial. Los participantes que residan fuera de España la enviarán en documento Word al correo electrónico a info@mareditor.com con el asunto PREMIO ALEXANDRE DUMAS, sin la firma del autor, sustituida por seudónimo escrito en cabecera, acompañada de documento Word a modo de plica, que contendrá nombre y apellidos, domicilio incluyendo ciudad y país, teléfono y correo electrónico del autor (obligatorio), así como una breve nota bio-biblográfica. La novela llevará al comienzo una sinopsis de la obra.

3.- Se establece un primer premio consistente en la publicación de la novela ganadora. El jurado podrá recomendar a la editorial otros títulos para su edición.

4.- Los derechos de autor de la 1ª edición, serán del 10% sobre el PVP del libro sin IVA del total de libros vendidos.

5.- Los trabajos se podrán enviar desde el 18 de diciembre de 2014 hasta las 24 h del 9 de febrero de 2015. (En envíos por correo la fecha válida será la del matasellos) 

6.- M.A.R. Editor podrá entrar en contacto con los autores de las novelas que sean recomendadas por el jurado para su posible publicación. 

7.-No se mantendrá correspondencia sobre las obras no recomendadas por el jurado 

8.-El fallo es inapelable. El premio podrá quedar desierto. 

9.-El correo electrónico del autor será usado para mantenerle informado de los premios de la editorial, salvo que el autor indique en el documento de la plica que no desea recibir información de la editorial.
 
Palamarés de obras ganadoras del Premio:
-II Edición: Más allá de las ruinas, de Teresa Galeote
-I Edición: París, 1945, de José Enrique Canabal
 

jueves, 11 de diciembre de 2014

M.A.R. Editor presenta la novela negra Regresa a Riverthree, de Óscar Fernández Camporro. El próximo sábado, 13 de diciembre a las 12,30h, en el Café Cósmico

El próximo sábado, 13 de diciembre a las 12,30h, en el Café Cósmico, calle Juan de Austria 25, Madrid, M.A.R. Editor presenta la novela negra Regresa a Riverthree, de Óscar Fernández Camporro. Participa junto al autor, José Leyva y el escritor y editor Miguel Ángel de Rus.
   ¿De qué trata Regresa a Riverthree?
   Ross Eastwood y Mark Cartwright viajan a San Francisco para visitar a los clientes relacionados con los negocios del Complejo Forestal que dirigen en su pueblo natal, Riverthree, en el Estado de Idaho. En el local de uno de sus clientes, el Partner's Place, se ven implicados en un percance entre el propietario, Andy Austin, y dos tipos de aspecto amenazador. Ese incidente finaliza sin consecuencias y Ross y Mark regresan a Riverthree. Días después se enteran de que Andy Austin ha muerto.
    El Partner's Place ha sido dejado en herencia a Jamie Worthington, un vecino de Riverthree y amigo de Jake Eastwood, que acaba de regresar malherido al pueblo durante una misión. Los hermanos Eastwood deciden involucrarse para identificar a los asesinos de Andy Austin y, de esta forma, para intentar proteger a su amigo Jamie. Las capacidades de Ross aprendidas durante sus años como fiscal en Washington D. C. se ponen al servicio de la investigación. Jake, un soldado del Cuerpo de Intendencia del Ejército, no disfruta de las mismas capacidades que su hermano; sin embargo, dispone de un principio de lealtad muy arraigado que le obliga a ayudar a sus amigos por muy peligrosas que sean las circunstancias. Regresa a Riverthree continúa la historia de los Eastwood en el punto en que termina Márchate de Riverthree, II Premio de Novela Manuel Díaz Vargas.
    Afirma Oscar Fernández Camporro sobre su obra “Regresa a Riverthree continúa la historia de los Eastwood en el punto en que termina Márchate de Riverthree. Esta primera novela nos presenta el mundo en el que se criaron los protagonistas, los hermanos Eastwood: Ross, un fiscal de Washington D. C., y Jake, un soldado del Cuerpo de Intendencia del Ejército de los Estados Unidos. Los deseos en su juventud por conocer mundo los alejaron de Riverthree durante muchos años. El fallecimiento de su otro hermano, Brad Eastwood, motivó que regresaran al pueblo para organizar la herencia familiar. Durante su estancia en Riverthree descubrieron unos trágicos sucesos relacionados con sus amigos y familiares, y, además, también descubrieron que su pueblo natal ya no les constreñía como el zapato viejo que tanto les apretaba mientras vivieron en él”.
    ¿Novela negra, novela cinematográfica? Así lo ve el autor “En esencia, la historia trata de la amistad verdadera, de las promesas formuladas y de la voluntad inquebrantable para ayudar a los seres queridos”.

 El autor:
Óscar Fernández Camporro
(Madrid, 1964) Creció en el taller de su padre, que trabajaba como dorador y restaurador de obras de arte, rodeado de todos esos hermosos objetos necesitados de ayuda. Se aficionó muy pronto por la lectura: al principio, a la poesía y teatro de los clásicos; y últimamente, a la narrativa contemporánea, sobre todo, a la novela negra. Ha escrito seis novelas de la saga protagonizada por los hermanos Eastwood. La primera, titulada Márchate de Riverthree, ha sido galardonada en el II Concurso de Narrativa Manuel Díaz Vargas y ha sido finalista del XXXIII Premio FELIPE TRIGO de novela y finalista del I Premio de Novela PRIMUM FICTUM Librooks 2013. La segunda es Regresa a Riverthree. Alrededor de Riverthree, Óscar Fernández Camporro ha creado una serie de novelas, aún inéditas, que muestran un mundo propio, claramente relacionadas con el mejor cine negro y policial de nuestra época.

Toda la información sobre el libro en http://www.mareditor.com/narrativa/Regresa_Riverthree.html

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Presentación de LOS OJOS DEL PUENTE, de Javier Hernández Velázquez, en la librería Burma


El viernes, 12 de diciembre, a las 19,30h, M.A.R. Editor presenta la novela ganadora del IV Premio Wilkie Collins de Novela Negra, Los ojos del puente, de Javier Hernández Velázquez, en la librería Burma, C. Ave María, 18, Madrid. Acompaña al autor el periodista y crítico Juan Laborda Barceló.
            La novela La investigación de una serie de asesinatos sin resolver, acaecidos en Los Ángeles, San Francisco y Santa Cruz en verano de 1967.
             Aquello desapareció por una razón poderosa y se mantuvo en el anonimato durante medio siglo hasta que el detective Mat Fernández recibe el encargo de un rico excéntrico. El caso lo arrojará a la investigación de una serie de asesinatos, sin resolver, acaecidos en Los Ángeles, San Francisco y Santa Cruz en verano de 1967. En la investigación se topará con la familia Bravo que controla, con mano férrea, los resortes del poder económico, político y social de la isla de Tenerife. ¿Puede una novela explicar lo que sucedió y lo que va a ocurrir? Conforme se va acercando a descubrir la verdad, Mat comprobará que el pasado regresa para zanjar cuentas pendientes y que su cliente no se detendrá ante nada.
            Afirma el autor sobre el entorno canario de la novela “Escribo sobre mi ciudad y mi isla. Soy del barrio de Duggi, pero me siento más santacrucero que de mi barrio; más tinerfeño que santacrucero; más canario que tinerfeño; y más español que canario. En una isla, rodeados de agua, la presión sobre el individuo es diferente. Hay más opresión, hay más silencio. No se dice lo que pasa, lo que hace que sea más creíble leer una novela de género que las noticias a la carta de los medios de comunicación. Sabemos cuáles son las reglas del juego: la política tiende a absorber todos los ámbitos de la vida”.
            En una época de corrupción, el protagonista es un justiciero “Mat Fernández es todo lo que queremos ser y el sistema nos impide. Él ejecuta y resuelve gran parte de los problemas a los que me enfrento y que sé que, auque soy capaz de resolverlos, no me van a permitir hacerlo”.


El autor: Javier Hernández Velázquez
(Santa Cruz de Tenerife, 1968)
Abogado y funcionario de carrera, forma parte de la corriente denominada "boom extra periférico de la novela negra", con epicentro en las islas del sur. Para el narrador, el auténtico patrimonio de una sociedad es su memoria, y así lo ha reflejado en sus obras Un camino a través del infierno (M.A.R. Editor), Mención Especial del jurado del Premio Internacional de Novela Negra L'H Confidencial 2013, El fondo de los charcos (finalista del Premio Benito Pérez Armas 2009), Los días prometidos a la muerte (programa Canarias Lee 2012) o El sueño de Goslar (programa Santa Cruz Ciudad leída 2013). Ha sido finalista del XIII Premio Internacional Sexto Continente de Relato Negro por El eco de Cobain y Segundo Premio del Concurso de Relatos Ciudad del Rosario 2012 por Cajonera City.

sábado, 6 de diciembre de 2014

RELATOS LITERARIOS: LAS CROQUETAS DE POLLO. De Manuel Cortés Blanco


La primera vez que presenté unas líneas a un concurso fue por culpa de unas croquetas. En casa oíamos con frecuencia un programa de variedades de la radio local donde acostumbran a premiar cada semana la mejor receta que les remitieran.
Mi madre, como antes lo fuese mi abuela, era una excelente cocinera. Le salen unos platos para chuparse los dedos, y una repostería que desata la envidia de todos los amigos del recreo. O si no que se lo digan al Canillas.
Mamá -le pregunta Anselmito a la suya-, ¿por qué no haces unos pasteles como los de Manolito?
Una vez elabora unas croquetas de pollo. Saben tan exquisitas que luego no nos entra el filete de ternera. Papá come dos sartenes y mi tía Pili, que ese mediodía anda por allí, decide saltarse su régimen de verduras.
Hay que dejar constancia de esa fórmula magistral: dos cucharadas soperas de harina, una de aceite, cuarto de litro de leche, un huevo, nuez moscada, pollo desmenuzado y una pizca de sal. Sin embargo, esa sucesión de ingredientes no hace justicia al deleite de su sabor. De hecho, a la madre de Anselmito, con esos mismos productos, no le salen tan ricas.
Entonces mamá detalla cómo las hace, confesando su toque personal. Cual si fuera un notario, voy tomando nota de cada paso: echar la harina antes que la leche para evitar grumos, que el aceite muy caliente cubra cada unidad, colocarlas sobre papel absorbente. Eso más los secretos que no se revelan... porque en algo debemos distinguirnos del resto de las madres.
Redacto la receta con tanto cariño que en boca de un cuentacuentos hubiera pasado por una historia. No en vano terminamos remitiéndola a aquella emisora y obteniendo el primer premio: una cubitera y un molinillo. La próxima vez que nos presentemos lo haremos con un helado de café.
En el barrio, la mamá de Anselmito le pregunta a la mía:
¿Cómo es posible que con un plato tan simple haya ganado el concurso? Yo envié una langosta armoricana con aderezo de queso, y mi amiga una brandada de bacalao con caviar. ¿Acaso no le parecen suficientemente sabrosas?
La sencillez y la dedicación son virtudes difíciles de explicar a quien las confunde con la simpleza. Por eso mi madre opta por la prudencia:
Estaba muy bien escrita... Por eso la seleccionaron. Usted no sabe lo bonito que redacta mi hijo.
La segunda vez que presenté otro texto a un certamen fue tras un problema con Hacienda. La tentación hace al ladrón. Ocurrió justo después de que cerraran la fábrica de papá. Tras haberle indemnizado con el fondo de garantía, recibimos una citación de la agencia tributaria reclamando el porcentaje correspondiente en forma de impuestos. ¡Qué barbaridad! Cómo pueden gravarte así con un dinero ganado tan a pulso.
En casa no salen las cuentas…



Nuevo libro de Manuel Cortés Blanco, Nanas para un principito

RELATOS LITERARIOS: MATAR Y MORIR. De Andrés Fornells


Con mil esfuerzos, aullando de dolor, Mario consiguió atarse el pañuelo por encima de la rodilla de su pierna destrozada por la metralla y, rompiéndose las uñas, logró cauterizarla cubriéndola de tierra. ¿Y si gritaba pidiendo ayuda? ¿Y si lo escuchaban los enemigos y lo remataban? Paulatinamente las balas dejaron de silbar y la artillería calló. De pronto se movieron unos matorrales y apareció una figura humana, tambaleante. Vestía el uniforme enemigo y tenía el pecho de su guerrera empapado en sangre. Dio dos pasos y cayó al suelo donde quedó con la cabeza ladeada y los ojos sin vida fijos en él. Mario sintió que una congoja infinita le estrujaba la esponja del corazón. "Ese desgraciado no es mi enemigo. Ese desgraciado es mi hermano al que engañaron igual que a mí durante el periodo de entrenamiento, con banderas, música, alegres canciones, arengas chauvinistas, rememoración de las grandes gestas bélicas nacionales del pasado, ensalzamiento de los héroes que ofrecieron hasta su última gota de sangre, generosamente, para salvar a la “Patria” amenazada por unos poderosos enemigos que pretenden destruir su cultura milenaria y esclavizar a nuestro pueblo. Y ahora está muerto y yo puedo correr su misma suerte".
—¡Hijos de puta!

Ni se había dado cuenta de cuando comenzó a llorar.